jueves, 15 de septiembre de 2011

Genial

París empezó hace un año. Justo este día, el 14 de septiembre de 2010 llegué y dejé las maletas en mi piso del Boulevard de l’Hôpital. Me fui con Clara al Pont des Arts y bebimos pseudo-champán.

Nos llovió.

Ayer pensé que no pude haber tenido mejor recibimiento.

Pero París volvió a empezar un par de meses después. Cuando las sorpresas de labios bonitos se esfumaron. Se fueron. Vinieron otras sorpresas, yo seguí buscando más. Nunca dejé de buscarlas, en verdad.

Luego la ciudad volvió a empezar muchas veces más. Nunca dejó de empezar. Siempre me trajo cosas nuevas. Y me hizo llegar a tener cosas viejas, y antiguas, incluso dentro de ella.

Ya hace dos meses que me fui de París. Y sí, aunque esté diciendo que ha empezado muchas veces, París sí se acaba (Vila-Matas y Hemingway decían que no). Mi vida allí se acabó. Mi curso allí se acabó. Y no voy a decir que lo que conocí allí no se terminó, y por eso no se acaba, porque es muy fácil. Hay cosas que se conocen, y gente que se conoce, que se olvidan. Sí se acaban.

No se quedan siempre con nosotros (por lo menos conmigo). La ciudad no está aquí. Aquí está Sevilla, que es otra cosa. Me quedo con la gran esperanza de que ella está allí. Y que no se mueve. Que podré volver cuando quiera, que me quedan muchas cosas por conocer aún allí. Y gente a la que volver a ver.

Pero nunca dije en este blog que me volvía (como sí estaba previsto). El 15 de julio, no estuve triste. Me fui de allí sin darme cuenta. Estuve dos días sin ser consciente de que me estaba yendo. Porque, de algún modo, noté que, aunque se acabara, volvía a empezar a la vez. Apunté que la última vez que volvió a empezar fue en junio, cuando empecé a hablar de días mejores.

Y la verdad, no dejan de llegar los días mejores. No dejo de empezar lo que París empezó, que no sé si es yo o qué es.

Pero he decidido que tampoco quiero saberlo. No quiero resolver la duda de que si sé que se ha acabado, por qué creo que vuelve y vuelve a empezar. No sé si lo sabré nunca.

Supongo que me lo seguiré preguntando (a mi mismo). Aunque ya no lo contaré por aquí.

París se terminó y fue estupenda, maravillosa, y muchas cosas más. Pero ahora está siendo simplemente, genial.

miércoles, 8 de junio de 2011

Pero a tu lado

-¿Te acuerdas de lo que hablábamos el otro día sobre tener una ilusión por volver? Es justo eso, ahora creo que no me va a costar. Y no es que quiera, claro, pero ahora lo veo de otra manera.
-Ya, es normal, ahora lo vas a tener más fácil.
-Aunque, joder, Mi París me está lloviendo encima, ¿sabes? A estas alturas se pone a hacer frío y mal tiempo otra vez. –dijo mientras se llevaba la mano derecha al pelo, como peinándose– y tú ya sabes que no me importa, que a mí en verdad es lo que me gusta. Pero no deja de ser raro y de que haga que me sienta raro también.
-Ya.
- Sobre todo hoy, no sé. Es raro que todo sea bonito y triste a la vez. Me siento como en septiembre, como en domingo.
-Pero con más esperanza.
-Esperanza es para cuando te sientes perdido –le contestó sin titubeos– .Yo diría ilusión, ganas, compromiso...
-Y entonces, ¿qué vas a hacer ahora?
-¿Ahora? Ahora continuar esperando. Esperando a que lleguen días mejores.
-¿Mejores?
-Sí, mejores.

jueves, 26 de mayo de 2011

Pas si simple

Ahora recuerdo que cuando quería venir a París era porque escuchaba mucho esta canción. Si consigue levantarme de la cama y querer contarlo a toda costa es porque para mí, lo merece. Porque me despierta un entusiasmo que solo París, por medio de decenas de imágenes fugaces con esta música de fondo consigue moverme.

[No tan simple].

Quizá sea el sueño cambiado des partiels o las revoluciones (sexuales o no). No es tan simple que me pase.

Es imposible que sea más bonita. Y que algo haga que se me retuerzan las sensaciones así, a estas alturas. Mi París está entera hecha (o hecho) para gustar. Desde un principio de ritmo mecanografiante hasta un final de clímax bucólico. Solo para eso.

http://grooveshark.com/#/s/Pas+Si+Simple/2WsNI?src=5

lunes, 18 de abril de 2011

Volver

Quiero decir que he sido un hombre rico en países nuevos. Que he llegado a una ciudad radiante. Y que echo en falta otra, religiosa o fetichistamente efervescente.

Que no tengo sueño porque me he acostumbrado a dormir en trenes nocturnos. O porque tengo mucho que hacer y no se por dónde empezar. O porque no se cómo se empieza a hacer cosas que se tienen que hacer.

Siempre me pasa que estoy raro cuando cambio de etapas. Y diez días fuera son suficientes para que sean una entera.

Ahora, empieza otra nueva. De un París distinto, más luminoso, más lleno de gente loca que sale a la calle como lagartos al sol.

Y tengo sillas nuevas en mi cuarto, ya no tengo edredón.

Me acuerdo de Sevilla, de gente, de Domingos de Ramos pasados enteros en la calle, mirando de cerca la fiesta del barroco. Tanto los he criticado y los hecho de menos ahora. Estas cosas pasan.

También tengo un año más y muchos mensajes de felicitación en redes sociales distintas.

He tenido escalofríos viendo una película en la Cinémathèque. Y no he cogido el 24 para volver a casa porque le quedaban 26 minutos.

En verdad, no se de qué tengo ganas. No sé qué escuchar, qué leer, qué ver o qué hacer.

Pero estoy seguro de que lo sabré todo mañana. Siempre es igual.

Así que me digo: “deja de quejarte, imbécil”. Y me callo.

miércoles, 30 de marzo de 2011

Res no és mesquí

I tot es Primavera:
i tota fulla verda eternament.


Y a mi si la primavera me llueve, me da igual. Me gusta.


La de aquí, de Mi París, me parece increíble. Con sol, con lluvia y con lo que sea.

Puede ser porque yo al sol no lo necesito tanto, por lo de mi apología del frío y esas cosas. Pero tengo que reconocer que lo he celebrado últimamente. Dije que lo haría más bien en Belleville, pero está siendo más en el Marais. No pasa nada.

También tengo que decir que lo que sí pasa sin piedad de mi, es el tiempo. Y que cada vez está más cerca el final, con su bueno y su malo. Estos agobios de calendario multiplicado que de repente me aparecen. Y de no tener ninguno, he pasado a hacerme con tres. Eso será por algo, ¿no?, ¿Será porque ahora me da por planificarlo todo? ¿Porque quiero jugar a saber qué pasa en el futuro? Pero, ¿no es mejor no saberlo? Yo que sé.

No se si serán eternamente verdes las hojas como no sabía antes de venir, si París se iba acabar alguna vez o nunca. Y tampoco lo sé ahora. Después dije que me daba igual saberlo. Y en estos meses de silencio ha habido de todo. Todas las gamas de síes y noes de saber n’importe quoi.

Sí he sabido relajarme cuando creía que tocaba acumular tensiones. No he sabido adaptarme a ciertas cosas. Ni he aprendido a planchar.

He visto mucha gente y he hecho muchas cosas. He dejado de hacer otras, las he retomado y las vuelvo a dejar. He conocido otros Parises, los de otra gente.  Y he repetido hasta el cansancio el mío. Que, por cierto, puede que ahora sea un hombre.

He visto también al monstruo de Clara. Y ese sí que no me gustó. Tuve que comer cacahuetes para dejar de verlo y que pararan esos ruidos espantosos. Ahora, los cacahuetes no me gustan ni quiero hacer triángulos con ellos.

Y he visto París en otras ciudades. En Berlín, incluso. Tan distinto al París de ahora, tan parecido a otro París de antes, puede. He visto parises pequeñitos andando por mi casa. Y los he matado dejándolos pegados en una tableta con pegamento. No uno, ni dos, sino dos.

He inflado eléctricamente bastantes colchones prestados. O el mismo muchas veces. Y he tenido que explicar otras tantas la misma historia del Panteón. He ido a comer Au p’tit grec, cuatro semanas seguidas. Y a por crepes con nutella en el mismo puestecillo de la Rue Lepic, bajando de Montmartre. He descubierto calles nuevas, y que Arts et Métiers, está aquí al lado. Y aún me queda. Pero tampoco pasa nada.

He convertido mi casa en un burdel, parecido a los de los felices años veinte. Y me acabo de fumar un cigarro con un café y una tostada de mantequilla. A las 8 y media de la tarde.
Pero he hecho lo que no voy a hacer de ahora en adelante. Que tocan otras cosas. Otros países nuevos que no sé si serán parises también. Otros diez días sin facturar maleta. Y poniéndome hasta el culo de kebaps por un euro. Ya veremos.

La primavera vino para quedarse, y espero que sea más larga que en Sevilla. Que no me agobie el calor. El bochorno, la xafogor, que solo me gustan para decir. Las hojas serán verdes, que me gustan. O del color que quieran. Tampoco pasa nada.

domingo, 6 de febrero de 2011

Los domingos serán Belleville

Au Café du Soleil, con gafas oscuras. O pastis en esa que hace esquina en Boulevard Ménilmontant. También podrán ser la Seine con tango. Pic-nic en el Pont des Arts. O en Buttes Chaumond.

Los domingos serán todo lo que queramos que sean. Y lo cumpliremos. Pourquoi pas?

Nada de planes imaginarios. Dit i fet. Ámsterdam, Berlín y los Balcanes. Europa me está buscando tras verme en Bélgica pasando ese frío duro que te da en la cara. Y que tanto me gusta a mí.

Porque Mi París está cerca de todo. Está radiante adormeciéndose desde un vagón de la línea 5 del metro. Justo cuando cruza el puente antes de llegar a Gare d’Austerlitz. Es en el día del año nuevo chino visto en Ivry. El chinatown francés del treizième.

Todo si el cansancio te deja ser más persona de la cuenta. Si las espirales de vicio y depravación prevenidas te permiten seguir aprovechando, el verbo del segundo semestre.

Los domingos serán un poco más cálidos, qué más da. Tendrán la vida agitada de los barrios populares. El fresco de las terrazas que miran a la calle, en fila india. Habrá misas de Gospel cantadas, pero solo para ser música. A mí que me dejen de sermones, los desesperados.

Los domingos cada vez son mejores. Se convierten, si tú quieres, en días a recordar también. Y seguir esperando cosas, imaginando futuros aquí. Queriendo que venga gente que te susurre al oído.

Ya no tienen tan mala pinta. Aunque tenga que hacer maletas que no me gustan, limpiar y ordenar un poco mi vida. Están de puta madre. Y los que vienen, quizás mejor.

miércoles, 19 de enero de 2011

Un cuerpo es el mejor amigo del hombre

De qué sirve, quisiera saber, cambiar de piso,
dejar atrás un sótano más negro
que mi reputación y ya es decir-,
poner visillos blancos
y tomar criada,
renunciar a la vida de bohemio,
si vienes luego tú, pelmazo,
embarazoso huésped, memo vestido con mis trajes,
zángano de colmena, inútil, cacaseno,
con tus manos lavadas,
a comer en mi plato y a ensuciar la casa?
Te acompañan las barras de los bares
últimos de la noche, los chulos, las floristas,
las calles muertas de la madrugada
y los ascensores de luz amarilla
cuando llegas, borracho,
y te paras a verte en el espejo
la cara destruida,
con ojos todavía violentos
que no quieres cerrar. Y si te increpo,
te ríes, me recuerdas el pasado
y dices que envejezco.

Podría recordarte que ya no tienes gracia.
Que tu estilo casual y que tu desenfado
resultan truculentos
cuando se tienen más de treinta años,
y que tu encantadora
sonrisa de muchacho soñoliento
-seguro de gustar- es un resto penoso,
un intento patético.
Mientras que tú me miras con tus ojos
de verdadero huérfano, y me lloras
y me prometes ya no hacerlo.

Si no fueses tan puta!
Y si yo no supiese, hace ya tiempo,
que tú eres fuerte cuando yo soy débil
y que eres débil cuando me enfurezco...
De tus regresos guardo una impresión confusa
de pánico, de pena y descontento,
y la desesperanza
y la impaciencia y el resentimiento
de volver a sufrir, otra vez más,
la humillación imperdonable
de la excesiva intimidad.

A duras penas te llevaré a la cama,
como quien va al infierno
para dormir contigo.
Muriendo a cada paso de impotencia,
tropezando con muebles
a tientas, cruzaremos el piso
torpemente abrazados, vacilando
de alcohol y de sollozos reprimidos.
Oh innoble servidumbre de amar seres humanos,
y la más innoble
que es amarse a sí mismo!

Jaime Gil de Biedma

lunes, 17 de enero de 2011

Ve a que te rellenen

Es la frase en francés en la que más he pensado en mi primera semana aquí, después de navidades. Va te faire foutre, es mucho más elegante que: que te den por culo, o a prendre pel cul. A la vez es más gráfica, más eficaz. Y es la conclusión perfecta para una exposée de Connaisance des médias internationaux, estoy seguro. Estaría dirigida, pues, a Monsieur Tupper, ese hombre que ha dirigido los designios de mi vida durante estos ya 8 días de nuevo en Mi París.

Por mi culpa, por su culpa, por nuestra gran culpa. 20 días en mi propio tour ocioso por España son responsables en gran parte de estas jornadas de trabajo, muerte y destrucción maratonianas. También la indefinición, la ausencia de concreción, en definitiva, la chochez de este académico chilenofrancés del jurásico que insiste, a pesar de hablar perfecto español, en llamarme "mesié ogcán".

No pensé yo, que la mala suerte mía estaría tan brillante últimamente. No ya por el agobio de fechas, que eso ya digo que es toíto curpa mía. Pero sí por esas pequeñas cosas que, o ayudan mucho, o joden mucho cuando estas en situaciones así. Como cuando deseas durante horas cenar sushi para descansar al menos durante un rato de un análisis imposible de un periódico en inglés, y al llegar al traitteur, resulta que está cerrado. Su dueño decidió algún día que el mejor día para descansar a la semana es el domingo. Vamos, esto en Iberia no pasa. 

O como cuando después de eso, decides ir a otro que sí está abierto y mientras decides el menú afuera, el amable hombre apaga las luces y se ríe de ti a carcajadas. Todo era mentira. El metro tarda mucho, el café se acaba y hay que hacer otro, "uy!, son las cinco de la mañana", esas cosas…

Y sí, yo ya sé que soy una mijita esagerao. Que no es tan mala suerte eso (aunque haya más). Que hay cosas mucho peores, que me gusta mucho quejarme. Ya lo se. Que no hace tanta calor (creo que me estoy obsesionando con el tiempo, como mi padre), que estoy en París, voilà, etcétera… 

Pero es que estoy mu jarto. Incluso he llegado a hablar de un yo de mí, alegórico, al que sugieren un nombre falso de español exiliado a las Galias, o viceversa, no me acuerdo. Y es que, después de levantarme de haber dormido seis horas, estoy un poco anulado mentalmente.  No sé porqué. Se me vienen cosas raras a al cabeza, como que qué bien que exista el verbo flipar en francés. También me da por abrir las ventanas de par en par, poner agua a hervir y luego quitarla, miro la hora constantemente, como si no hubiera mañana. Puede ser que me queden restos del café indefinido de ¿ayer?.

En fin, la vida continúa. A la tarda, l'examen de català. Mañana, otro de mr Tupperware y la doble exposée retrasada. Para la semana que viene, dos dossieres más, un examen, y un reportaje final pa Portrait, que yo he decidido aplazar hasta el lunes que viene sin el consentimiento del profesor. A ver por dónde me sale la broma. 

Menos mal que luego viene lo bueno. Mi París entera para mi, pa mi disfrute. Mi París que se va ampliar hasta Bélgica, Alemania y Holanda durante unos días intermitentemente y sí, en ese orden desordenado. Mi París aquí conmigo de nuevo.